EBE08: Los bloggers muertos no van al cielo
19 nov 2008
El cierre de un magnífico Evento Blog 2008 lo hizo Hernan Casciari. Pedí a una persona que estaba a mi lado, y que grabó la conferencia, que me la pasara para hacer una transcripción exacta y ponerla en Pisito. ¿Para que voy a decir algo más si lo ha dicho todo él y de una forma tan elocuente, cachonda y perfecta?
El caso es que cuando me disponía a escribir el post encontré que en Orsai está la transcripción completa así que la tomo prestada y la dejo para que todos se deleiten con las palabras de Casciari. Fue el broche perfecto para el EBE08. ¿Nos vemos en el 2009?
I.
Hace unos cuantos meses me llamó a casa Luis Rull, uno de los organizadores del EBE 2008, para invitarme a dar la charla final, la que cerraría el evento. Como Luis es muy previsor, me llamó en abril o en mayo; hace muchísimos meses. Y posiblemente lo hizo de esta manera, tan anticipada, porque sabe que únicamente digo que sí a las propuestas remotas. Digo que sí a cualquier cosa que me propongan de aquí a seis meses, porque me resulta muy complicado encontrar una excusa creíble.
No puedo decir “lo lamento, Luis, dentro de seis meses voy a estar engripado, o me va a doler mucho la muela”. Yo estoy programado para la mentira automática, para la excusa contra reloj. Estoy muy capacitado para explicar por qué no fui a donde había prometido ir, o por qué no iré a tal compromiso mañana, o el sábado próximo. Pero no se me ocurre nada cuando Luis Rull me dice que tengo que hacer algo seis meses más tarde.
También le dije que sí (debo ser sincero) porque con Cristina teníamos la necesidad —urgente— de regresar a un restaurante de Sevilla que se portó muy bien con nuestros estómagos el año pasado.
Entonces, como el 16 de noviembre era una utopía, algo lejano y confuso al final del calendario, acepté la invitación de Luis. Lo hice en abril, y me quedé muy tranquilo. Después, como pasa siempre, llegó el verano.
Viajé; me relajé.
Me olvidé completamente del compromiso asumido con Luis Rull. Entonces una tarde, una tarde espantosa de hace mes y medio, recibí un correo en el que Luis me pedía un título y una síntesis para la conferencia, porque había que empezar a hacer difusión.
Ese correo me tomó por sorpresa. Yo no tenía la menor idea de lo que me estaba hablando Luis. No tenía la menor idea de quién era Luis. Por suerte el Gmail guarda las conversaciones, y entonces, investigando un poco (es decir que escribí “rull” en el buscador), descubrí que siglos atrás, en un lejano país, yo le había dicho que sí a algo a este buen hombre.
Y ese algo tenía que ver con un esfuerzo muy complicado, tendiente a salir de casa, ponerme un pantalón largo, peinarme… Un compromiso inminente, además, que ahora sí yo estaba dispuesto a cancelar con las excusas automáticas de toda la vida.
Me dispuse entonces a escribirle a Luis, para contarle un gravísimo problema con mi abuela materna (iba a usar palabras muy técnicas, como glaucoma y neuropatía), pero mi mujer, que siempre está ahí cuando yo estoy a punto de mentir, me recordó que en Sevilla estaba ubicado aquel restaurante donde servían esos boquerones tan ricos que nunca pudimos olvidar.
Y aquí estoy, entonces: dando una charla.
Cuento esta intimidad (como prólogo) porque ustedes tienen derecho saber que van a escuchar a un tipo que está sentado acá por gula, en primer término; y por la pereza que causa decir que no a los compromisos lejanos. Dicho esto, hablemos por fin de la inminente muerte del blog.









































